¡Hola! Soy Mariona
Nací en Barcelona hace 28 años y soy periodista, técnica en audiovisuales y máster en inteligencia emocional aplicada a las organizaciones. Vamos, que soy una millennial de manual: tengo muchos títulos, pocas oportunidades laborales dignas y hasta hace poco estaba tan bloqueada que usaba la expresión “no sé qué hacer con mi vida”.
Tuve una crisis existencial durante varios años, se me hizo eterna. Pero terminé reaccionando y tomé las riendas de mi vida. Dejé de lamentarme, me enfrenté a mis miedos y al “qué dirán”, me arremangué y empecé a construir la vida que quería. ¿Te animas a seguir mis pasos?
Esta es mi historia
Empecé a trabajar a los 17 años, sin dejar de estudiar hasta los 26. Después del bachillerato me formé en fotografía y en Audiovisuales, y me saqué la carrera de Periodismo, todo siempre con buenas notas, siempre ansiosa por demostrar lo que valía. A qué o a quién, no os lo sabría decir. Imagino que haber sufrido bullying durante años tuvo mucho que ver en esa inseguridad que a veces aún asoma.
Mi primer cambio profundo
A los 21 años tuve mi primera crisis existencial. Estuve varios meses incómoda con mi realidad, me hacía muchísimas preguntas, no sabía hacia dónde tenía que tirar porque no sabía hacia dónde quería ir. Me di cuenta de que no tenía ni idea de quién era.
A raíz de eso descubrí el mundo del desarrollo personal y empezó mi viaje interior.
En ese punto de mi vida entendí que yo tengo una gran parte de responsabilidad en las cosas que me pasan y, sobre todo, en cómo me siento al respecto, así que lo de ir de víctima por la vida y estar siempre enfadada con el mundo ya no valía. Ese pensamiento me cambió para siempre.
Desde entonces no he dejado de trabajar en mi proceso de autoconocimiento, de formarme en gestión emocional ni de compartir estos temas con todo aquel que me ha parecido que, como yo en su momento, lo necesitaba. También hice terapia para superar el bullying, me fui de Erasmus a Italia, viajé a Indonesia y aproveché todas las oportunidades que tuve para conocer gente y superar así mis miedos e inseguridades en las relaciones sociales.
Mi paso por el mundo laboral
Llevo casi 12 años en el mercado laboral y en este tiempo he hecho un poco de todo. Primero, trabajos variados (recepcionista de hotel, vendedora en varias tiendas, secretaria en despacho de abogados…) y luego en el mundo de la comunicación. He pasado por televisiones, prensa, marketing digital y los departamentos de Comunicación Corporativa de dos multinacionales.
Lo que me resultó más interesante fue darme cuenta de que los conflictos dentro de un equipo de trabajo (y créeme, he tenido ocasión de ver unos cuantos) siempre vienen de una comunicación mal gestionada. Eso me llamó tanto la atención que decidí cursar un Máster para profundizar en la materia y tratar de aportar mi granito de arena para mejorarlo.
La mala época que me hizo reaccionar
Pero durante los años siguientes a mi graduación volvió la oscuridad. Pasé por varios trabajos precarios o de becaria o de mierda sabiendo que eso no me hacía sentir realizada ni me permitía construir una vida digna. Me independicé dos veces de casa de mis padres, y dos veces tuve que volver al cabo de unos meses porque no podía pagar el alquiler.
Hubo un periodo de 7 meses en los que me fue imposible encontrar trabajo, porque me había emperrado en que fuera de lo mío, que no me había pasado 8 años formándome en comunicación para trabajar de otra cosa (menudos caprichos me marco, ¿eh?). Luego bajé el listón a que en él pudiera hacer tareas relacionadas con lo mío, y al final (oh, sorpresa) tuve que aceptar un puesto que no tenía nada que ver con mi formación.
Durante esos 7 meses de duros procesos de selección y negativas, lo que quedaba de mi autoestima y de mi ilusión tocaron fondo de manera bastante estrepitosa, y aunque después la situación mejoró durante un tiempo, entendí que no podía seguir así. Tenía que tomar las riendas de mi vida.
Llevaba años yendo a ciegas, dando pasos importantes en mi vida a lo loco, sin antes verificar que esos pasos tenían sentido en mi camino porque no era capaz de decidir cómo quería que fuera ese camino. En este punto entendí que hasta que no me detuviera a sentar unas bases sólidas, estables y con sentido en mi vida, todo lo que construyera encima siempre estaría tambaleándose.
Así que empecé a tomar decisiones para ser más coherente con mis sueños y objetivos. Si quería conseguir una vida que me llenara, que tuviera propósito y sentido, tenía que dejar de lamentarme y mover el culo. Fueron decisiones valientes y, algunas, muy duras.
La guinda la puse al volver de un viaje “de choque” como mochilera en Marruecos. Dejé el trabajo (sí, el que no tenía nada que ver con mi formación) en el que había conseguido un contrato indefinido, en una oficina al lado de casa y con un jefe que no me valoraba, y me compré un billete de ida (sólo ida) a Tailandia. Allí me pasé 2 meses explorando el país con una mochila y un ordenador portátil, mientras trabajaba como community manager freelance, ponía en orden mis pensamientos y creaba este espacio digital.
Y ahora, ¿qué?
Mi proyecto más personal
Creo que la de los llamados millennials somos una generación con muchísimo potencial. Somos bisagra entre dos épocas, representamos un cambio de mentalidad y aspiramos a una sociedad diferente, más moderna, a partir de un cambio que tenemos que liderar nosotros mismos.
Hay algunos que ya han empezado, otros que nunca lo harán.
Pero hay muchísimas personas de esta generación, gente muy válida, perdiendo el tiempo, la ilusión y la paciencia porque se sienten tan confusos y frustrados como yo lo estuve hasta hace poco. Personas formadísimas, con unas ideas y una fuerza espectaculares, con ganas de mejorar el mundo, que podrían liderar ese cambio y aportar mucho valor, pero que pasan sus días sin pena ni gloria porque se han bloqueado y no saben por dónde tirar. Estoy cansada de hablar con ellos y que me digan que no saben qué hacer con su vida. Y a ellos me dirijo.
Gente de veintimuchos, gente de treinta y pocos: no solo estamos desperdiciando nuestro talento, sino que nos hemos metido en un bucle mental de desánimo y frustración del cual no vemos la manera de salir.
Yo no tengo la fórmula mágica para ello, pero vengo a proponeros algo.
Nos hemos centrado en tener el currículum perfecto, siguiendo con la premisa de estudiar mucho para tener un buen trabajo. Nos hemos dedicado a coleccionar títulos como si fueran cromos: carrera, másteres, idiomas, intercambios en el extranjero… Y nos hemos olvidado de quiénes somos y de lo que nosotros queremos, de lo que verdaderamente necesitamos para vivir una vida plena, que la mayoría de veces no tiene nada que ver con “buenos trabajos” a la vieja usanza, títulos ni todo eso que se supuestamente era tan importante.
Conozcámonos a nosotros mismos. Descubramos qué nos hace especiales, en qué somos buenos, cómo podemos ayudar a los demás, cuál es el valor que podemos aportar. Vivamos, experimentemos, preguntemos, dudemos, busquemos. Y quedémonos con lo que nos guste para ir conformando la vida que queremos. Investiguemos qué valores tenemos y empecemos a vivir alineados con ellos.
Dejemos de infravalorarnos, porque mientras lo hagamos seguiremos atrayendo todo aquello que no nos interesa. Elijamos el trabajo al que aspirar según lo que podríamos aportar al mundo a través de él. Y si todavía no existe, inventémonoslo. Creemos. Creyamos en nosotros mismos. Construyamos el futuro que queremos. Empecemos a liderar nuestras propias vidas para generar un cambio en el mundo que nos rodea. Aprovechemos todo lo que sabemos y aprendamos lo que todavía no. No paremos hasta sentirnos realizados.
Quiero que salgas de esa cueva y me permitas ayudarte y acompañarte en esta aventura.
Seamos el cambio que queremos ver en el mundo.
Estoy entusiasmada y muerta de miedo a partes iguales, pero creo que en eso consiste ser valiente.
En tener miedo y hacerlo de todas formas.